Hacía cuarto de la ESO y me llegó la noticia que mi profesor de tecnología, de cuyo nombre prefiero no acordarme, cogía la baja por depresión. Una compañera habló con la tutora del grupo y le preguntó qué le pasaba a nuestro querido profesor . «Ser profe quema mucho», le contestaron. Y sí, la verdad, aquella clase no era muy agradable para nuestros educadores. Os lo podéis imaginar, lo típico, hormonas adolescentes llenas de rabia y otras cosas con pocas ganas de obedecer a un profesor que imponía menos respeto que Javier Rojo. ¿Esto también son las hormonas?